martes, 2 de marzo de 2010

Internet y Política: Nuevo paradigma

Publicado en Revista Trecho número 6

En las últimas décadas, es innegable que la vida social está atravesada por procesos de comunicación. ¿Qué hubiera sido del pueblo haitiano sin la cobertura de los medios, que con todo y sus imperfecciones, coadyuvó a movilizar a la comunidad internacional?
En este contexto de principios de siglo, en donde la comunicación y la acción colectiva se encuentran vinculados como nunca antes, hallamos a Internet, un conjunto de redes interconectadas donde coexiste el mayor volumen de información en la historia de la humanidad.
La arquitectura democrática y ubicua de Internet configura un escenario en el que tiene poca cabida el discurso unilateral, ya que posibilita un diálogo interactivo en el que la audiencia puede articular un contexto comunicativo si bien más complejo , altamente dinámico, que abre enormes desafíos para la democracia en el siglo XXI.
En las décadas de dominio de los medios masivos como la televisión abierta, que podemos ubicar entre los cincuenta y fines de los ochenta, la preocupación de estudiosos de la comunicación política sobre todo estadounidenses , tenían que ver con la vinculación entre propaganda y comportamiento electoral.
En la actualidad, Internet ha contribuido a modificar el paradigma de la era de los medios masivos, para dar paso a uno diferente. Diarios en línea, blogs, redes sociales y demás foros de comunicación en red se erigen como una esfera pública alterna que abre oportunidades y desafíos para la democracia.
Arianna Huffington y su blog The Huffington Post compite por nuevos lectores con el New York Times online; Yoani Sánchez, la bloguera cubana, denuncia lo que Granma oculta; Troy Livesay con su blog: http://livesayhaiti.blogspot.com/ nos informa sin descanso a cada instante la tragedia haitiana. Por su lado, generosos tuiteros pudieron canalizar ayuda financiera a la isla en desgracia tan ágilmente como Bruselas o Washington.
Los estudios que desde la sociología se aproximan a la comunicación política, aun no acaban de descifrar este nuevo paradigma en el que las motivaciones de la audiencia para participar y movilizarse constituyen la gran incógnita.
Algunos investigadores como Pippa Norris (2003) y Manuel Castells (2004) sugieren que existen evidencias para afirmar, que existe una correlación entre participación y educación. Los estudios desde las ciencias cognitivas como señala Castells en su más reciente libro “El poder de la comunicación” (2009), hacen falta para poder entender el fenómeno en su complejidad.
Es innegable que los internautas constituyen una audiencia educada que tiene la posibilidad, lo que no quiere decir que lo haga, de pensar de manera crítica, de desafiar el discurso dominante y de reconfigurar a un poder político desgastado.
¿Qué hace falta para que esa esfera alternativa cobre dinamismo en países como México? El primer desafío es sin duda la conectividad. En nuestro país tres cuartas partes de la población está desconectada de Internet, pero el problema no se reduce al acceso, como muchos políticos mexicanos creen, sino también a cerrar la denominada brecha del conocimiento que pasa por la educación y la igualdad de oportunidades.
Ese dinamismo y concreción de posibilidades de participación ciudadana que abre Internet, es conseguible con una democracia que vaya más allá de los procesos electorales y con el compromiso de sus principales actores: partidos, legisladores y gobernantes, quienes poco se esmeran en promover las prácticas democráticas, tanto en períodos electorales como en el ejercicio cotidiano de gobernar.
No deseo dejar de lado la responsabilidad de los ciudadanos, que tenemos como principal desafío desechar la apatía y transformar el conformismo en dinamismo para exigir, denunciar y participar en la construcción de un mejor país. En este punto los educadores tenemos mucho que aportar en las aulas.
Internet como ninguna tecnología es neutra, el ensanchamiento de sus posibilidades para instaurar una cultura de participación ciudadana y de rendición de cuentas en el marco de un país menos inequitativo, depende de todos.

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